Cuando pensamos en el rol de la tecnología en alimentación, con frecuencia nos vienen a la mente los alimentos procesados que podemos encontrar en los estantes de los supermercados. Conservantes, edulcorantes, colorantes, y muchos otros químicos empleados por la industria suelen ser sinónimo de la tecnología en este sector, pero lo cierto es que también podemos mejorar nuestros alimentos sin incurrir en esas prácticas.
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De hecho, en España son cada vez más las granjas y las plantaciones agrícolas que hacen uso de la tecnología para mejorar sus productos, manteniendo al mismo tiempo toda su calidad y su sabor tradicional. Se trata de tecnologías no invasivas que permiten mejorar los alimentos año tras año, poniendo mejores productos en las canastas de nuestros mercados, y optimizando costos para ofrecer precios más competitivos.
Los fertilizantes de última generación
Uno de los principales avances se da en el uso de los fertilizantes, que ya supuso una auténtica revolución en el siglo XIX, y que muchos consideran una de las grandes claves que del mundo moderno. Sin fertilizantes no podríamos tener los niveles de producción agrícola que tenemos a día de hoy, pero los primeros fertilizantes eran bastante rudimentarios, y, además, no todos sus componentes químicos se pueden encontrar fácilmente.
El fósforo, por ejemplo, es cada vez más difícil de encontrar, lo que está produciendo una cierta escasez de fertilizantes que los contienen. Esto encarece el precio de estos fertilizantes y pone en aprietos a los productores. Sin embargo, los análisis de valoración química del terreno acuden al rescate de las plantaciones agrícolas para determinar cuáles son las necesidades exactas que tiene el sustrato.
Si la tierra de una granja sigue presentando niveles aceptables de fósforo, entonces el propietario no necesita comprar fertilizantes que lo contengan. En lugar de esto, puede optar solamente por fertilizantes específicos para los minerales y los micronutrientes que le hacen falta, por ejemplo el potasio, el nitrógeno o el boro. Esto se traduce en un gran ahorro que después se traslada a los precios de venta al público.
Las energías renovables
Mantener una granja también cuesta bastante dinero cuando toca pagar la factura de la luz, sobre todo si se dispone de instalaciones ganaderas. Mantener a las vacas o las ovejas en buen estado y garantizar su sano crecimiento es más difícil de lo que parece, sobre todo ahora que los estándares se elevan año tras año. La calefacción, la maquinaria, las cámaras de seguridad… Todo consume mucha más electricidad de la que nos gustaría.
Los precios de la electricidad en España serían mucho más altos si nuestra dependencia del gas o el carbón fuese mayor de la que es. Por fortuna, las energías renovables están abaratando el costo del MWh, y, además, las granjas y las instalaciones ganaderas suelen ocupar una gran cantidad de terreno que resulta ideal para instalar paneles solares. Esto permite a los propietarios obtener electricidad directamente del sol y ahorrarse un buen dinero.
El ahorro en la factura se puede dedicar después a mejorar la producción de la granja, por ejemplo dedicando mejores recursos para el riego, garantizando aún más el bienestar de los animales, o adquiriendo nueva maquinaria de ordeño o de recolección de huevos. Además, el hecho de que las energías renovables no emitan CO2 le hace un gran favor al medio ambiente, sobre todo si consideramos el contexto del calentamiento global.
Sistemas de riego inteligentes
Las mejoras en los sistemas de riego han sido una auténtica constante a lo largo de las décadas en el campo español, sobre todo si consideramos la escasez de agua que afecta a buena parte de nuestro país. Los sistemas de riego automáticos y de goteo están dejando paso a nuevos sistemas de riego inteligentes que optimizan todavía más el uso del agua a la hora de regar los cultivos, sobre todo en época de sequía.
Estos sistemas de riego están controlados por ordenadores con un software de última generación que aprovecha la información de sensores en el terreno o la humedad en el aire para determinar cuándo es necesario regar los cultivos, y hasta qué punto. Este riego puede aplicarse de forma desigual a lo largo y ancho del campo en función de las necesidades específicas de cada sector, garantizando que se aprovecha hasta la última gota de agua.
No se trata de una simple cuestión de ahorro. Estos sistemas también garantizan que los cultivos están perfectamente hidratados durante todo su proceso de crecimiento, así que se pueden obtener cosechas mucho más abundantes mientras se ahorra dinero en el proceso. El resultado son unos alimentos deliciosos que pueden llegar a nuestra mesa por mucho menos dinero, y sin ninguna clase de aditivo perjudicial para nuestra salud.








